El jueves 11 de junio de 2026, el expresidente estadounidense Donald Trump anunció que ordenará nuevos ataques militares contra la República Islámica de Irán durante las próximas horas. A través de un mensaje en su red social Truth Social, Trump aseguró que las fuerzas estadounidenses actuarán nuevamente contra objetivos iraníes, afirmando que gran parte de la capacidad militar de Teherán ya ha sido destruida.
El exmandatario escribió: “Estados Unidos atacará a Irán esta noche con gran dureza”, y señaló que la Marina, la Fuerza Aérea, los radares y los sistemas de defensa iraníes han sido severamente afectados por operaciones militares recientes.
Además, Trump amenazó con tomar el control de puntos estratégicos de la industria energética iraní, incluida la isla de Jarg (Kharg Island), principal terminal de exportación petrolera del país. “Tomaremos el control total de sus mercados de petróleo y gas”, afirmó, comparando esta estrategia con la política aplicada por Washington en Venezuela.
La isla de Jarg es una instalación clave para la economía iraní, pues concentra gran parte de sus exportaciones de crudo.
Estas declaraciones se producen apenas horas después de que Estados Unidos realizara ataques por segundo día consecutivo contra objetivos iraníes, en respuesta al derribo de un helicóptero estadounidense ocurrido esta semana en la zona del estrecho de Ormuz.
La reacción de Irán no se hizo esperar. Autoridades iraníes reportaron ataques contra instalaciones y bases estadounidenses en Kuwait, Jordania y Baréin, elevando la tensión en Medio Oriente. Asimismo, Irán declaró cerrado el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio mundial de petróleo y gas.
El gobierno iraní acusó a Washington de romper el alto al fuego que se mantenía desde abril y responsabilizó a Estados Unidos por las consecuencias que pueda generar esta nueva ofensiva. Las autoridades iraníes calificaron las acciones militares estadounidenses como una amenaza para la estabilidad regional y advirtieron que responderán a cualquier nueva agresión.
Este conflicto refleja una vez más cómo las políticas de confrontación militar y control de recursos energéticos profundizan la inestabilidad y afectan a las poblaciones civiles, en un contexto donde la justicia social y la paz deberían ser prioritarias para el bienestar colectivo.
