Un brote de diarrea explosiva causado por el parásito Cyclospora cayetanensis afecta ya a 34 estados de Estados Unidos y podría extenderse a México en las próximas semanas, advirtió el infectólogo Alejandro Macías este miércoles 15 de julio de 2026. El especialista señaló que, aunque los casos en territorio nacional son aún anecdóticos, ya ha atendido pacientes con esta infección.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) reportaron 1,645 casos confirmados desde mayo, cifra que cuadruplica la registrada en el mismo periodo de 2025. La investigación sobre la fuente de contaminación permanece abierta, mientras que el brote comenzó a dispararse desde el 22 de junio. En Michigan, por ejemplo, que normalmente registra alrededor de 50 casos al año, se reportaron casi 1,000 en pocas semanas, constituyendo el mayor brote en la historia del estado.
El parásito Cyclospora no se transmite de persona a persona, sino que requiere madurar aproximadamente una semana en el ambiente para volverse infectante. Su principal vía de contagio es el agua de riego contaminada que abastece cultivos de vegetales de hoja verde, como lechuga, cilantro y perejil, que son los de mayor riesgo en México.
Macías advirtió que las condiciones de temperatura y humedad propias de la temporada de lluvias en México, que actualmente se vive, son propicias para la propagación del parásito. “Están dadas las circunstancias, sobre todo en la temperatura y en la humedad de los tiempos de lluvias. Es perfectamente posible que llegue”, afirmó en entrevista con Uno TV.
Aunque el especialista reconoce que en México ya circulan casos de ciclosporiasis, aclaró que estos no están vinculados directamente con el brote estadounidense. Colegas suyos han confirmado de forma independiente la presencia de casos, pero Macías subrayó que esta información anecdótica no sustituye los datos oficiales de la Dirección General de Epidemiología.
Este escenario pone en evidencia la necesidad de fortalecer los sistemas públicos de salud y vigilancia epidemiológica, así como de garantizar el acceso a agua limpia y segura para la producción agrícola, en un país donde las desigualdades sociales y económicas dificultan la protección colectiva frente a amenazas sanitarias. La prevención y el control de enfermedades transmitidas por el agua deben ser una prioridad para evitar que la población más vulnerable, históricamente marginada, sufra las consecuencias de un sistema que privilegia intereses corporativos sobre el bienestar social.
