2 views 4 mins 0 Comentarios

Explotación laboral en Naupan: bordadoras nahuas sometidas para producir jersey de la Selección Mexicana

In Nacional
mayo 27, 2026

El miércoles 27 de mayo de 2026 se reveló un grave caso de explotación laboral y desvío de recursos públicos en Naupan, Puebla, relacionado con la producción del jersey alternativo “Artisan JSY” de la Selección Mexicana, fabricado para Adidas. Aunque la multinacional alemana promocionó este proyecto como un ejemplo de comercio justo, testimonios de las bordadoras nahuas y personas cercanas a la operación desmienten esta versión y denuncian condiciones de maquila coercitiva bajo la empresa intermediaria Someone Somewhere.

La promotora cultural y creadora de contenido Luz Valdez expuso que Adidas aceptó la producción tras el temor de sanciones en redes sociales por polémicas previas de apropiación cultural. Para proteger su imagen, la startup mexicana Someone Somewhere, fundada por egresados del Tecnológico de Monterrey, asumió la gestión con las artesanas poblanas, prometiendo encargarse de toda la logística para que la marca deportiva no se viera afectada.

Una de las primeras irregularidades fue la apropiación ilegal de la Casa de la Cultura de Naupan, inmueble público que fue transformado en planta de producción para cumplir con las auditorías de infraestructura de Adidas. El equipo corporativo pintó fachadas, instaló mobiliario, redes de internet y un reloj checador para controlar las entradas y salidas de las costureras, configurando un presunto desvío de recursos públicos con fines comerciales.

En este espacio, más de 150 artesanas fueron sometidas a jornadas laborales intensas, con solo una hora para comer y sin prestaciones de ley. Además, se documentó el desabasto constante de insumos básicos en los sanitarios y el incumplimiento de un seguro médico privado remoto que la empresa presumió en sus reportes, bajo la falsa premisa de que en Naupan no existen clínicas del IMSS.

El pago a las bordadoras fue raquítico, entre 25 y 36 pesos por hora, mientras que las prendas alcanzan precios comerciales de hasta 5 mil pesos en tiendas. Las mujeres debían entregar un mínimo de dos jerseys terminados por cada cinco horas de trabajo. Según Luz Valdez, “a las artesanas se les pagó muy muy poco y la cifra varía porque también variaba según la escala de poder de la artesana, pero para las artesanas obreras que no son líderes, Someone Somewhere paga de 25 a 36 pesos por hora”. La firma intermediaria obtuvo un margen de ganancia neta entre 60 y 72 por ciento de los ingresos globales.

El departamento de control de calidad castigaba económicamente cualquier variación en las puntadas o fruncido de las telas; si un jersey era rechazado, las bordadoras debían rehacerlo sin pago adicional, descontando el material de sus percepciones acumuladas.

Desde el punto de vista cultural, la especialista Tatiana Bernaldez calificó el proyecto como un “atropello”, pues las marcas eliminaron la técnica ancestral del “pepenado de hilván”, propia de la Sierra Norte. Al no superar el bordado tradicional las pruebas de calidad en Hong Kong, las indígenas fueron forzadas a capacitarse en técnicas ajenas a su cosmogonía, como el punto francés y punto de arroz, para acelerar la producción.

La presión por las fechas de entrega provocó que decenas de costureras abandonaran el taller y buscaran trabajo externo para otra marca del Mundial que ofrecía 400 pesos por pieza. Al conocer esto, directivos de Someone Somewhere despidieron a las inconformes y las obligaron a firmar contratos de exclusividad que les prohíben confeccionar cualquier artículo de Adidas durante cinco años, bajo amenaza de demandas legales cuantiosas.