El encuentro entre México e Inglaterra en los Octavos de Final de la Copa del Mundo 2026 se ha consolidado como el partido más visto del siglo, con una audiencia que superó los 60 millones de espectadores, según informó Gabriela Cuevas Barrón, representante del Gobierno de México para el Mundial. Este dato revela no solo la pasión colectiva que despierta el fútbol en nuestro país, sino también el potencial de unidad social que eventos de esta magnitud pueden generar.
Durante el torneo, que se ha desarrollado en las ciudades sede de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, se rompieron en cuatro ocasiones los récords de audiencia, pero fue el duelo contra Inglaterra el que alcanzó la cifra más alta, casi duplicando los 35 millones que vieron el partido de Dieciseisavos de Final contra Ecuador. Este fenómeno no solo refleja el interés popular, sino que también tiene un impacto económico significativo.
De acuerdo con cifras oficiales de la FIFA, un total de 789 mil 766 aficionados asistieron a los 13 partidos disputados en México. El Estadio Ciudad de México fue el recinto con mayor afluencia, recibiendo a 404 mil 120 personas en cinco partidos, con un promedio de 80 mil 824 asistentes por encuentro. Le siguieron el Estadio Monterrey, con 204 mil 716 espectadores en cuatro partidos, y el Estadio Guadalajara, que acogió a 180 mil 930 personas en igual número de encuentros.
La derrama económica generada por el Mundial 2026 en conjunto con las tres ciudades sede alcanzó los 50 mil millones de pesos, cifra que destaca la importancia de invertir en infraestructura y servicios públicos que beneficien a la población. En particular, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México recaudó seis mil 500 millones de pesos, mientras que la ocupación hotelera superó el 80% en las sedes y llegó al 95% en Cancún.
Este evento global ha dejado un legado que va más allá del deporte: ha fortalecido la memoria colectiva y la cohesión social, además de impulsar la economía local. En un país marcado por profundas desigualdades, la capacidad de México para organizar y recibir al mundo con dignidad y eficiencia es un recordatorio de que la justicia social y el desarrollo deben ir de la mano con la inversión pública y la participación comunitaria. Así, el Mundial 2026 se convierte en una oportunidad para reivindicar el derecho de todos a disfrutar de espacios y servicios públicos de calidad, que contribuyan a la igualdad y al bienestar colectivo.
