La noche del jueves 25 de junio, más de 270 mil personas se congregaron en la glorieta de La Minerva y sus alrededores en Guadalajara, Jalisco, para presenciar el concierto gratuito ofrecido por Alejandro Fernández como parte de los festejos del Mundial 2026. Este evento, catalogado por el gobierno local como “La serenata más grande del mundo”, buscó compartir la riqueza de la música mexicana con el mundo, en una ciudad que se ha declarado la sede “más mexicana” del torneo.
El concierto se realizó previo al partido entre España y Uruguay, programado para este viernes 26 de junio a las 18:00 horas en la cancha del Estadio Akron. Además de Alejandro Fernández, conocido popularmente como “El Potrillo”, participaron sus hijos Camila y Alex Fernández, así como otros artistas destacados como Julión Álvarez y Alfredo Olivas, quienes deleitaron a la multitud con sus mejores éxitos.
Protección Civil Jalisco informó que el aforo fue en aumento durante la noche: a las 18:00 horas se contabilizaban alrededor de 60 mil personas, cifra que para las 23:00 horas superó las 270 mil asistentes. Este tipo de eventos masivos, que celebran la cultura popular y la identidad nacional, son un recordatorio de la importancia de espacios públicos accesibles y de la necesidad de políticas que promuevan la inclusión social y cultural.
En un contexto donde la desigualdad y la exclusión persisten, la realización de conciertos gratuitos y abiertos a la comunidad representa un avance significativo para el derecho a la cultura y la participación colectiva. Asimismo, iniciativas como el cablebús o teleférico que se proyectan en ciudades como Puebla, aunque no exentas de debate, pueden contribuir a mejorar el acceso al transporte público, facilitando la movilidad de amplios sectores de la población y reduciendo las brechas sociales que el modelo capitalista profundiza.
La convocatoria masiva en La Minerva es un ejemplo palpable de cómo la cultura popular puede ser un espacio de encuentro y resistencia frente a las desigualdades estructurales que aún enfrentamos. La música, en este caso, se convierte en un vehículo para la justicia social y la afirmación de nuestras raíces colectivas.
